LOS NUEVOS TIEMPOS DIGITAL

«Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.» Juan 8:32‡  Miembro de la Federación Internacional de Periodistas Digitales (FIPED).

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OPINIONES
Al Cardenas

Necesitamos una política energética confiable

Por Al Cárdenas

 

MIAMI.- Estamos atravesando sin duda una de las peores crisis energéticas de nuestra historia, con los precios de los combustibles alcanzando ya niveles nunca antes imaginados, y con esos precios impulsando una escalada alcista que viene debilitando sensiblemente la capacidad adquisitiva de gran parte de las familias norteamericanas. Estamos pagando en las estaciones de servicio más de cuatro dólares por cada galón de gasolina, pero más allá de eso, estamos pagando por la ausencia, a lo largo de más de dos décadas, de una política energética seria y confiable. Ahora, en medio de la crisis, y mientras los trabajadores de este país hacen milagros con el fin de lograr que el dinero que ganan les alcance para pagar los gastos del hogar, quienes vamos a elegir un nuevo Presidente el primer martes de noviembre, exigimos que nuestro gobierno y nuestro Congreso tomen cartas en el asunto y expongan con claridad sus propuestas para superar tan profunda crisis.

Barack Obama, consecuente con el ala más liberal del Partido Demócrata, ha propuesto que se graven con costosos impuestos las utilidades de las compañías petroleras, al mismo tiempo que se opone a que se abran nuevos frentes de exploración de crudo, tanto en tierra firme como en áreas costeras de los Estados Unidos, como se opone también a la construcción de nuevas plantas de energía nuclear. Algo que puede sonar bien a los oídos de los ciudadanos que rechazan que mientras a ellos les toca pagar caro el combustible que consumen, los grandes conglomerados petroleros se llena los bolsillos y producen jugosos dividendos a sus accionistas. Olvidan que, históricamente, cuando un gobierno grava con impuestos las actividades de un determinado sector de la economía para beneficiar a los consumidores, ese sector acaba trasladando inevitablemente el costo de esos impuestos a los mismos consumidores que la medida pretendía favorecer, y que acaban siendo los mayores perjudicados. No hay nada en las propuestas del senador Obama que nos garantice la producción de un solo barril de petróleo adicional.

En contraste, John McCain, que a lo largo de su carrera como legislador ha demostrado posiciones muy independientes en materia energética, presentó hace una semana un plan que entre otras cosas propone poner fin a la moratoria federal que impide nuevas exploraciones petroleras en áreas costeras. Además, se muestra a favor de una exploración más agresiva en áreas continentales, de la construcción de nuevas refinerías y de docenas de plantas de energía nuclear. Algo que consideramos oportuno y conveniente, y que el país viene necesitando desde hace años, pero que sólo ahora, porque nos toca pagar cara la gasolina, repentinamente comenzó a interesarnos. Pensando justamente en soluciones para los problemas cotidianos, McCain propuso la creación de un premio de $300 millones de dólares para la persona o entidad capaz de crear una batería que llene los requisitos de un carro eléctrico ajustable a las necesidades del ciudadano común, que conduce su automóvil todos los días. La propuesta de McCain, que coincide parcialmente con la que ha presentado recientemente el gobierno del Presidente Bush, tiene como propósito satisfacer las necesidades energéticas domésticas de los Estados Unidos, al tiempo que resuelve el problema de nuestra ya larga dependencia de suministro de petróleo importado.

Hoy por hoy, el mundo consume 86.4 millones de barriles de petróleo por día, frente a una producción de 86.5 millones de barriles. De esa cantidad, los Estados Unidos consumen cerca de 20 millones de barriles diarios. Es justamente esa escasa diferencia entre la oferta y la demanda la que ha ocasionado, con la ambiciosa ayuda de feroces especuladores bursátiles, que el precio del barril de crudo alcance niveles insospechados. Otra manera de inducir a la baja los costos del petróleo es mediante la reducción del consumo a través del uso de combustibles alternativos como el etanol y el biodiesel, así como el fomento a la fabricación de vehículos que adopten tecnologías más sensibles al consumo de gasolina, y lo más importante: desarrollando nuevas fuentes de producción de energía eléctrica. Es un hecho que la energía más barata, y ecológicamente más limpia, es la que producen los reactores nucleares. En los Estados Unidos no se construye una planta para generar energía atómica desde hace más de 25 años, mientras que países como Francia obtienen más del 75% de la electricidad que consumen a partir de reactores nucleares. El pobre manejo que tanto demócratas como republicanos le han dado a este tema ha sido sencillamente desastroso, y es el peor fracaso de nuestra política en las últimas décadas, aunque hay que admitir que buena parte de la responsabilidad recae primordialmente sobre el liderazgo demócrata, que tradicionalmente apoya las exigencias de los grupos ambientalistas más radicales.

Los demócratas insisten en que aprobar la exploración petrolera en distintas áreas, continentales y costeras, sería innecesario, porque a las compañías petroleras se les han adjudicado más de 68 millones de acres de áreas para exploraciones, que no han tocado. Lo que no mencionan es que en la mayor parte de esas tierras el riesgo de las exploraciones es muy alto y en consecuencia las compañías petroleras consideran inviable su aprovechamiento. En cambio, las áreas donde si hay mejores expectativas de éxito, como es el caso de las zonas costeras del Golfo de México, les son vedadas por esas disposiciones federales cuyo levantamiento ha solicitado el gobierno, que ha propuesto también el candidato republicano John McCain, y que cuenta con el respaldo de la mayoría de la opinión pública en los Estados Unidos. Aquí en nuestro estado, por ejemplo, una encuesta reciente de la organización de Industrias Asociadas de la Florida reveló que el 61% de las personas interrogadas se mostró a favor del incremento en la exploración y producción de petróleo crudo y gas natural en las costas floridanas. En otros estados como Mississippi, Louisiana, Texas y Alaska, esas cifras de aprobación son significativamente más altas.

Los Estados Unidos requieren urgentemente una política energética seria y confiable, es imperativo revocar la moratoria federal que pesa sobre las exploraciones petroleras en áreas costeras y continentales, es urgente construir y poner en funcionamiento más refinerías, para que el crudo pueda convertirse rápidamente en los combustibles que el mercado requiere, y es indispensable también que se construyan más plantas de energía nuclear, para que se consuman menos combustibles derivados del petróleo en la producción de energía eléctrica. Sólo así se podrá contrarrestar la especulación que ha llevado tan alto los precios del petróleo a futuro, y de los combustibles que a diario consumimos los norteamericanos.

Modernidad ratistica en La Habana

Barbarie

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) - No voy a referirme al neoliberalismo y mucho menos a los barriles de petróleo que consume diariamente Estados Unidos, sino a “la compleja realidad nacional”, como denominó a nuestro país el jefe ideológico del Comité Central del Partido Comunista, durante las sesiones del reciente VIII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba.

Para hacerlo, no me basaré en el paisaje cotidiano que veo a diario. Utilizaré la propia prensa oficialista de los últimos días que, bajo la consigna de “Más Socialismo“, está reflejando las graves complejidades actuales de nuestra sociedad.

Pese a los tiempos de paz, el régimen castrista multiplica los fusiles, pretende subir el precio al pasaporte más caro del mundo, reconoce que en la Isla decrece la población, que continúan desapareciendo cubanos en el Estrecho de Florida y sobre todo, clausura decenas de fábricas clandestinas con el decomiso de sus   artículos de primera necesidad, que las fabricas estatales no producen. 

Pero hay mucho más: El pasado 17 de junio el periódico Juventud Rebelde nos hizo saber que la señora Blanca Núñez, vecina de Heredia 257 en el reparto Santos Suárez, en La Habana, denunció que en su patio hay un foco de aguas albañales desde 1978, lo que ha ocasionado que hasta los cimientos de la casa hayan cedido y la cisterna de agua permanezca contaminada ¡durante treinta años! Casos como este se repiten a diario sin que el gobierno, a través de Aguas de La Habana, encuentre la solución.

¿Y qué decir de la higiene de la ciudad habanera? En Granma,  órgano del Partido Comunista, se publicó esta nota: “La situación en diferentes municipios de la ciudad, con la presencia de micro vertederos y algunos no tan micro, tiene un efecto en el estado de ánimo de la población de un incalculable valor político, que comienza cuando no pocos dicen: Esto no hay quien lo arregle”.

¿Y qué decir de las decenas de miles de cubanos que suben a diario veinte pisos durante años y años? No importa si son niños o ancianos. Se trata de antiguos y modernos edificios, de propiedad estatal, cuyos ascensores norteamericanos, franceses y soviéticos dejaron de funcionar hace mucho tiempo.

Y por último me pregunto: si Fidel Castro calificó de bárbaro el hecho de que la policía de la anterior dictadura asaltara y destruyera el estudio del escultor Fidalgo, tal como lo denunció en las páginas de la Revista Bohemia en 1953, ¿cómo llamar entonces al socialismo cubano, con una capital que yace a oscuras, entre ruinas, escombros y basura; a nuestras playas, donde los desechos se apoderan del espacio, según su propia prensa?

En el recuerdo

El forastero de Reinaldo Bragado

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) - El narrador y poeta Reinaldo Bragado Bretaña (La Habana, 1953; Miami, 2005) fue uno de los creadores obligados a escribir bajo una especie de marginalidad literaria, por lo cual envió sus libros al extranjero, aunque en ellos no recrea las luchas cívicas por los  derechos humanos en Cuba, ni expresa la tensión que marcó sus años de encierro en la fortaleza La Cabaña, donde redactó los cuentos que integran En torno al cero.

Cuando marchó al exilio en 1988 había escrito, además, la colección de relatos Bajo el sombrero,  las novelas La estación equivocada y La muerte sin remitente, el poemario El árbol de la sombrilla y los “retazos de proyectos” incorporados a La alcantarilla mágica, obra de indudable lucidez, valor satírico, donde patentiza su calidad como escritor.

Durante su exilio en los Estados Unidos de América se desempeño como periodista, traductor y como redactor y guionista de radio y televisión. En menos de dos décadas escribió cientos de artículos de opinión en El Diario de las Américas, El Nuevo Día, de Puerto Rico y otras publicaciones. En esa etapa preparó los dos tomos de La fisura –colecciones de periodismo sobre derechos humanos- y Castro frente a Castro –testimonio de la poetisa y luchadora Tania Díaz Castro-. Fue editor de la revista Cubanet de 2003 a 2005.  

La vasta obra literaria de Bragado Bretaña incluye las novelas La noche vigilada, publicada en 1999 con comentarios de Guillermo Cabrera Infante, Antonio Benítez Rojo y Zoe Valdés; La ciudad hechizada, finalista del Concurso Letras de Oro 1999, de la Universidad de Miami, editada en esa ciudad en el año 2001 con prólogo del citado A. Benítez Rojo, y Night Watch, en 2003. Al año siguiente vio la luz su poemario Curazao 24: cuidado con el perro, en el cual evoca la calle y la casa habanera donde vivió.

Como Reinaldo Bragado es casi desconocido en su propio país, quiero comentar para estimular lecturas La estación equivocada, escrita en La Habana y publicada en 1989 por Saeta-Ediciones, en Caracas y Miami, con un prólogo excelente del poeta Heberto Padilla, víctima ilustre de la intelectualidad bajo el castrismo.

La estación equivocada es una novela breve y deliciosa que se lee de un tirón, pero su sencillez es engañosa y conmovedora. Heberto Padilla la califica de “inquietante”. Tan inquietante que nos compromete con el destino y las peripecias del forastero que se baja de un tren en la estación de un pueblo desolado, y tiene que quedarse allí, en medio del calor, la indiferencia y el absurdo cotidiano de individuos que se comportan como espectros activos en una comarca donde nunca pasa nada, ni siquiera el tren del cual se bajó el pasajero, pues las líneas y los caminos han sido abandonados “desde la época de la fiebre parlante”.

Desde la primera oración el autor nos “engancha” con la odisea del forastero, sus encuentros con la bella Marina, el dueño del hotel y el hombre del bar; quienes lo atienden cautelosamente y les indican cómo llegar al gobernador civil –ocupado con su piano y su harén de jóvenes desnudas-; el cual lo recibe con desdén y lo remite al jefe militar –un general homosexual escoltado por muchachos hermosos y desnudos- que le ordena: “Quédese aquí y olvide esa locura de que es un forastero: usted no puede venir de ninguna parte porque hasta aquí no llega nadie desde hace tiempo”. El forastero decide, antes de rebelarse contra el orden establecido, visitar al cura del pueblo, un anciano enloquecido que se asusta con su presencia. El final es patético. 

Como advierte el prologuista, “El libro no es un simple viaje entre la fábula y sus secuelas de pavor. Es, ciertamente, una metáfora desesperada de la realidad y su mejor encanto es la naturalidad con que se acerca a situaciones por todos conocidas, pero que acaban transformándose, distorsionándose como en un espejo cóncavo: es difícil situarlo dentro de la literatura hispanoamericana actual”.

Al leer La estación equivocada pienso en los elementos delirantes de algunos pueblos de esta isla caribeña. Me imagino en la estación del ferrocarril de Güines, abandonada hace años. O en el Hotel Louvre del centro de Matanzas, con su escalera de peldaños rotos. Recuerdo lo difícil que es tomar un avión de La Habana a Santiago de Cuba, o peor aún: obtener una visa y el permiso de salida para viajar a otro país.

El forastero de Reinaldo Bragado, como el agrimensor de El Castillo de  Frank Kafka, o el personaje de Pedro Páramo concebido por Juan Rulfo, pueden estar en cualquier pueblecito de Cuba. La metáfora es alegórica, trasciende la ficción y muestra la sordidez de quienes concentran el poder en sus manos en nombre de utopías y dogmas políticos.


Como hacedor de universos imaginarios Bragado ironizó las secuelas del exceso de poder. En otra novela de ficción política, La muerte sin remitente, la autenticidad y la fuerza del relato ofrece una visión de la realidad que humaniza a los personajes de una historia alarmante, cuyo escenario puede estar en Cuba o en alguna nación de América Latina.

En la misma retoma el País de las contradicciones, en el cual se desarrolla una epidemia de fiebre parlante que acaba con la élite que domina la sociedad y desata la anarquía y la alarma, contada por dos sobrevivientes de la nación fantasmal.

En La ciudad hechizada “…mezcla la ficción con la realidad histórica de Inglaterra y Cuba en los primeros años del siglo XVIII a través de las peripecias de Thomas Joyce, un pirata imaginario que sufre, en su intento de tomar La Habana, un proceso psicológico que lo conduce a una nueva visión de la existencia”.

Otras obras de Reinaldo Bragado Bretaña circulan en Cuba. Pude leer sus libros principales en la pequeña biblioteca independiente que lleva su nombre. Esperemos que en breve sean editados en la isla y podamos comprarlos en la red de librerías del país. Tal vez los encuentre algún forastero cuando acabe la fiebre parlante.  

Miguel Guerrero

La columna de Miguel Guerrero

 

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.- Este país, dice el Gobierno y se lo cree, es el más seguro. La definición supone que los dominicanos pueden dormir tranquilos, dejar las puertas y ventanas de sus casas abiertas durante el día, no sobresaltarse cuando los hijos llegan tarde, poder salir de noche sin miedo a ser atracados, ejercitarse sin temor a ser agredidos para robarles celulares y relojes y dejar sus vehículos estacionados sin la angustia de que al volver se los habrían robado o no los encontrarán intactos.

 

De manera pues que la seguridad que según las autoridades disfrutamos es sólo virtual, como lo es casi todo lo que aquí proviene del sector público, a excepción por supuesto del cobro de los impuestos.


En efecto, este era un país seguro, así conjugado en pretérito. Para desgracia nacional ha dejado de serlo.

 

Son muy pocos los ciudadanos que no han sufrido en carne propia o indirectamente al través de un amigo o un familiar, sea en sus hogares u oficinas, esta incontrolable ola de delincuencia y criminalidad frente a la cual no parece haber gobierno.

 

Tan generalizada es la inseguridad, que ya en ningún lugar, por exclusivo que parezca, se siente la gente segura.

 

Circula por el internet el caso de una pareja a quien le robaron todas las pertenencias de su vehículo mientras cenaban en el Country Club de Casa de Campo, cuya membresía costaba hace años no sé cuantos cientos de miles de dólares.

 

De manera que ni la llamada élite social escapa a la situación que nos aprisiona.

 

La ola delincuencial terminará cambiando los hábitos de los dominicanos y el fenómeno se llevará consigo muchas actividades y negocios, porque ya la gente está comenzando a espaciar sus salidas nocturnas por la inseguridad que significa estar fuera de sus casas, aunque el peligro ronda por doquier.

 

Cientos de ciudadanos han sido atracados, violados y asesinados dentro de sus hogares, de noche como a plena luz del día.


Miguel Guerrero es escritor y periodista
mguerrero@mgpr.com.do

33018 USA

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