MEANDROS DEL LENGUAJE

Dr. Roberto E. Guzmán
Dr. Roberto Guzmán

QUÍMICA “Poncho y yo tenemos muy buena QUÍMICA.” Hace ya unos años que la palabra del título dio un salto y se llevó a otro campo alejado del científico. Hasta el año 1992, en la vigésima primera edición del lexicón mayor de la RAE, todo lo que aparecía con respecto a química era lo relativo al concepto científico, con los diferentes conceptos de química: biológica, inorgánica, mineral y orgánica. En la edición siguiente, es decir, en la vigésima segunda del mismo diccionario se incluyó una acepción de reconocimiento al uso que se hace aquí del vocablo. Las autoridades entendieron el asunto del modo siguiente: “Relación de peculiar entendimiento o compenetración que se establece entre dos o más personas”. Cuando se introdujo esta nueva acepción se comprendió que estaba destinada a permanecer en el seno del diccionario oficial por largo tiempo como sucede regularmente en ese repertorio. La sorpresa se produce y llama la atención por la ausencia que se advierte en la enmienda que para ese término traerá la edición vigésima tercera porque las acepciones se reducirán de cinco a tres y desaparece la que reconocía la utilización a que se contrae esta sección. No se sabe a ciencia cierta porqué se ha eliminado esta acepción pero no por esto dejará de emplearse el recurso a la palabra para expresar la buena relación que puede establecerse entre personas aunque no haya una buena explicación para eso. El Diccionario Clave mantiene que la química  a que se contrae esta sección es la afinidad o entendimiento que existe entre varias personas. Como se acostumbra a hacer en estas secciones, se procederá a revisar lo que el Merriam-Webster´s Collegiate dictionary trae en su décima edición para la voz chemistry que corresponde a esta química del español. En su tercera acepción es: fuerte atracción mutua, afecto o simpatía. Como acostumbran a decir los dominicanos: “ya se sabe por dónde le entra el agua al coco”, vale decir, de donde procede la química usada, asentada y luego dejada fuera. El tipo de fenómeno cuya historia brevemente se trazó aquí no es raro en la historia de las lenguas. Siempre ha existido esa fecundación entre diferentes lenguas. Los vocablos cobran vigencia, se agotan a través del uso exagerado, pierden precisión y caen en desgracia de los estudiosos de las lenguas. Algo de esto parece estar sucediendo con respecto de la “química” entre personas. 

CRUCERO “Misiles de capacidad y alcances extraordinarios prestos a surcar cielos en viajes de CRUCERO y de muerte con sus ojivas nucleares.” Es evidente que aquí se examinará la palabra del título y más que nada la pertinencia en que la ha colocado el periodista en su artículo al usarla en compañía de los demás vocablos. En la actualidad tan pronto como se lee la palabra del título, crucero, lo primero que viene a la mente del lector es el viaje de recreo en barco, con distintas escalas. Esta reacción surge espontáneamente muy a pesar de que el diccionario de la RAE asienta esa acepción en el sexto lugar. De entre las cinco acepciones que preceden a la citada, cuatro de ellas tienen implicaciones de tipo religioso. Algunas de entre esas conservan muy poca frecuencia en el habla corriente. Todo esto para destacar que el orden de las acepciones en el lexicón oficial de la lengua no tiene nada que ver con la frecuencia del uso del término en cuestión. Para volver al asunto principal en esta sección, el meollo está en determinar si es justo y válido el uso que se hace del vocablo en estudio. Resulta difícil desentrañar el sentido de este crucero a tan larga distancia después de los misiles de los cuales es un complemento. La explicación inteligible es la tenue relación que puede existir entre los buques crucero que son de gran velocidad y radio de acción y este mísil que el periodista trae aquí. Hay que presumir que el misil crucero es el de gran capacidad y alcance.Si cada artículo que un periodista escribe lo hace de la manera que se comprueba aquí, la lectura se hace penosa, lenta, hasta el punto de llegar a ser desagradable porque lleva términos cuyos sentidos hay que desentrañar para poder entenderlos. Se hace necesario repetir lo que ya se ha escrito antes. Las palabras sencillas, de sentido preciso son las que hacen interesante la lectura para el gran público. Hay que mantener ese estilo para disfrute de los lectores. 

INVOLUCRAR “Mantiene una rutina de ejercicio, está muy INVOLUCRADO en asuntos comunitarios y lleva una dieta saludable.” Vale la pena detenerse en el significado del verbo involucrar/se en general y en especial despejar lo concerniente a si el uso que se hace aquí de este se acoge a la práctica moderna del español. La idea que se sustentará aquí es que ese verbo en la actualidad tiene una connotación envilecida que hace la utilización un poco odiosa o por lo menos desagradable. Como muestra de veracidad de la aseveración anterior basta con citar los sinónimos que aparecen en la obra de F. Sáinz de Robles, Diccionario español de sinónimos y antónimos, obra en la cual se lee que los sinónimos para involucrar son: introducir, injerir, insertar, complicar y mezclar. En la práctica del español contemporáneo cada vez que a alguien lo mencionan asociado con un acto reñido con la moral, las leyes o las buenas costumbres el verbo favorito es que “lo involucran” en tal o cual asunto. Si se trata de un autor de un delito que denuncia a algunos de sus cómplices la noticia que al respecto se imprime o se lee en los medios de comunicación adopta como verbo preferido el que aparece como título de esta sección. El diccionario Moliner asienta que involucrar  entre otras cosas es mezclar, confundir unas cosas con otras. Ahora bien, si se toman los sinónimos y se colocan en lugar del verbo comentado la oración pierde su sentido. El verbo involucrar se utiliza más en oraciones negativas, en las cuales se desea resaltar algo que no es agradable, que no se valoriza como cualidad positiva de la persona o cosa a la que se refiere.

 ESCUADRÓN “. . .además de ser elegido como el jugador más valioso del partido, y ahora ha llevado a su ESCUADRÓN a la final de la Conferencia Nacional de la NFL.”Se va a aprovechar la ocasión que ofrece el uso de la palabra del título para introducir otros elementos de consideración con respecto al uso de algunos términos en las lenguas en general.En muchas ocasiones los escritores trasladan un vocablo de significación específica a un campo que no le es propio. Esto lo hacen a sabiendas de que actúan llevando a su límite el valor primigenio. La palabra escuadrón posee cuatro acepciones en el inventario general de la lengua. Todas esas acepciones se enmarcan en el campo de la milicia. Es una unidad de caballería comandada por un capitán. En tanto que unidad aérea es equivalente al batallón o grupo terrestre. Se la usa en la rama aérea como compuesta de un número importante de aviones. Tomada como tropa es una porción formada en filas según las reglas de la táctica militar. Lo que se observa en la oración también obedece a una tendencia que tienen los cronistas deportivos a tratar de escapar de los estrechos linderos de las manoseadas palabras de todos los días. Como consecuencia de este movimiento introducen términos que no traducen necesariamente la acepción primera de la palabra, sino que forman parte de una libertad que se arrogan para no caer en la repetición continua. No hay que enojarse con este tipo de recurso porque si no se abusa de él es tolerable y le imprime lucimiento a veces a las descripciones de situaciones que de otro modo resultarían aburridas. 

A COSTA DE – A COSTO DE “Pero, ¿A COSTO DE qué? Para los padres latinos de primera generación en EEUU el vehículo más práctico para cumplir con las obligaciones financieras y lograr sus metas económicas es el trabajo.” No por mucho leer lo ha visto uno todo. Cada lectura es una aventura. Esa es una de las maravillas de los idiomas, que hacen posible las combinaciones infinitas y con facilidad pueden encontrarse nuevas expresiones y a veces exageraciones tambn. Muchas veces se cría uno oyendo y repitiendo una locución y si alguna vez “se topa” uno con algo diferente le asalta la duda acerca de quién está en lo cierto o, le causa confusión por no tener acceso o deseo de llegar a las fuentes para verificar el modo correcto. En el título se vaciaron las dos formas de componer la misma expresión. Una es la vieja conocida y la otra es la nueva que produce inquietud intelectual. La expresión “a costa de” sirve para dar a entender que algo se logra o consigue “a fuerza de”. O significa también “a cambio de, a expensas de”. Hay otra expresión formada también con ayuda de costa y es “a toda costa” que conlleva la idea de que lo que se hace se realiza “sin reparar en esfuerzos”. “A costo de” se usa ocasionalmente en América como una variante de la que se explicó más arriba. Algunos escritores no conformes con utilizar costo llegan hasta a emplear coste. Lo que no puede aceptarse es que coloquen la palabra principal costa en plural para que aparezca la expresión así: “a *costas de”. Vale la pena recordar una expresión similar a las anteriores que se usó hace muchos años y es “a costilla de”. Fíjese de inmediato que la palabra costilla permanecía en singular. Esa expresión tenía en ese entonces el mismo valor que las dos del título. Naturalmente era un uso coloquial de hace más de 50 años. Ejemplo de esta utilización es: “Ese holgazán vive a costillas de sus padres”. Esta manera de comunicar la idea parecía muy natural y ajustada a las circunstancias porque la manutención del holgazán salía de las costillas de los padres. El diccionario académico de la lengua registra “a costillas” como sinónima de “a cuestas”, vale decir, sobre los hombros o las espaldas. La combinación debe ser antigua en la lengua porque costa era una manera muy vieja de llamar la espalda. Aún en la actualidad en portugués y en gallego a costa es la espalda. El latín costa era costilla, de donde sale en español “llevar algo a cuestas”. El costal, saco grande de tela, saca ese nombre porque suele llevarse a cuestas. Resulta imposible imponer camisa de fuerza a los hablantes. Más difícil aun es tratar de coartar la libertad de expresión o creación de los escritores. Es probable que durante largo tiempo se continúe con las dos versiones del título. 

Dr. Roberto Guzmán

 

SUITE “Suites quirúrgicas de alta tecnología.”La voz suite logró su entrada en el Diccionario de la lengua española en el año 2001, es decir, en la vigésima segunda edición de ese lexicón. Se la incorporó con dos alcances: uno para la hostelería y el otro para la música. En  el primero que es el que concierne esta sección solo consta con el significado siguiente: “En los hoteles, conjunto de sala, alcoba y cuarto de baño”. Si se analiza el alcance ha de notarse enseguida que se trata solo de espacio en los hoteles. De plano queda descartada la posibilidad de llevar eso a los quirófanos. En los hoteles modernos hay más de un tipo de suites que tienden a satisfacer las necesidades o las veleidades de los huéspedes. Ya el asunto no se limita tan solo a cuarto de baño. Hay espacio en algunos de estas suites para baños jacuzzi, bar y otras lindezas. Causa extrañeza encontrar la dichosa palabra del inglés usada de esta forma. Se escribe que procede del inglés a pesar de que la Academia en su diccionario tilda la voz de francesa porque la etimología del término es francesa aunque la copia de los significados con que se emplea en español deriva del inglés. No hace falta armar un escándalo con una simple palabra que logró colarse en el lexicón oficial de la lengua española. En los Estados Unidos se utiliza el mentado vocablo con un sentido muy francés que no aparece en el DRAE. Estas nociones hay que despejarlas más abajo para evitar confusiones. Cuando la voz francesa empezó a usarse tenía un significado que traducido al español resulta, séquito, comitiva, escolta o cosa parecida. Esto después de pasar por otros usos adverbiales y en funciones de sustantivo. Consta en el Petit Robert que la acepción correspondiente a “varias habitaciones colindantes que se alquilan a un solo cliente en un hotel de lujo” entró en la lengua francesa en el 1913 desde las orillas del inglés. Por estas características algunos diccionarios bilingües francés/español ofrecen como traducción de eso descrito la palabra apartamento. Los franceses entienden que usar suite es un anglicismo criticado que debe descartarse y en su lugar usar la voz del francés que corresponde a apartamiento. Hay otros diccionarios inglés/español que para el mismo asunto tratado antes traducen usando: “serie de habitaciones, grupo de habitaciones”. Mejor es la definición que ofrece Arturo de Hoyo en su obra Diccionario de palabras y frases extranjeras, de 1995. Modificándola un poco se la acepta así: “serie se habitaciones intercomunicadas que constituyen una unidad”. Llegado a este punto del desarrollo de esta sección hay que volver a la cita. No se encuentra manera de compaginar el anglicismo con la redacción y el sitio que ocupa en la frase transcrita. Hay que recordar que algunas compañías de bienes raíces anuncian en los Estados Unidos que alquilan suites en edificios para oficinas. Aquí hay que presumir que alquilan habitaciones, apartamentos o locales para oficinas.  En casos como el que ocupa esta sección lo que más auxilia al lector es su capacidad para crear, inventar o hacer gala de su imaginación. 

 

RECIBIR – RECIBIRSE “La Facultad de Medicina H. W… RECIBIÓ a sus primeros 43 estudiantes en agosto de 2009 y una segunda promoción de 43 alumnos en 2010.” Al leer esta oración se pensó que se había tropezado con un uso impropio de la palabra promoción pero al leerlo de nuevo se logró entender que el error consistía en la utilización del verbo recibir. Esta aseveración se sustentará en el cuerpo de esta sección. Es posible que se utilice el vocablo promoción para mencionar el conjunto de individuos que al mismo tiempo han obtenido un grado, como se hace aquí. Es justo que se utilice el verbo recibir para agasajar a ese grupo que se menciona en el texto que viene de fuera. Lo que no puede aceptarse es que se emplee el verbo recibir en lugar y funciones que no le corresponden. El verbo recibirse, desempeñando funciones de verbo pronominal o pronominado, es el verbo que para un grupo -como en este caso- o para una persona, indica que toma la investidura o el título conveniente para ejercer alguna facultad o profesión. Como lo indica su nombre este verbo es el que se conjuga en todas sus formas con pronombres de la misma persona que el sujeto; en este caso el infinitivo es recibirse. En este verbo la acción recae sobre el mismo sujeto que la produce. La forma en como está redactada esta oración dificulta el tratamiento porque generalmente las facultades de las universidades al final de una carrera lo que hacen es que otorgan –conceden- un título -diploma- que acredita que el individuo ha llegado con éxito al final de los estudios. 

 

BUSCAR (BOUSKE) – BUSCÓN ( BOUSKON, BOUSKONN) Como se ha hecho en otras ocasiones aquí se trata de demostrar la forma en que el español dominicano ha metido una voz más en el habla criolla haitiana. De entre los dos vocablos españoles del título la palabra “buscar” puede alegarse que pertenece al español general, mas el vocablo buscón, con la acepción que tiene en haitiano no admite duda acerca de su origen dominicano. Para poder despejar el asunto se estudiará primero el verbo buscar y su correspondiente haitiano bouske. Una vez terminada esa parte se procederá con el nombre buscón en su acepción dominicana. Como introducción hay que recordar que en el idioma haitiano predominan las voces derivadas del francés, como consecuencia de eso cuando una palabra difiere del modelo francés hay que buscarle el origen fuera de la lengua francesa. En francés el verbo que corresponde a buscar es chercher que tiene en haitiano un modo similar de pronunciarse. En lengua francesa el verbo recién mencionado se le conocía escrito de otro modo (cercier) desde la Chanson de Roland (1080) de donde puede deducirse cuán viejo es el verbo en esa lengua. El verbo buscar  del español es también conocido desde hace largo tiempo, desde alrededor del año 1140 y  aunque no se sabe a ciencia cierta su origen Joan Corominas escribe que es “acaso prerromano”. Lo anterior viene a cuento para descartar que el verbo bouske tenga origen francés. En haitiano este verbo significa lo mismo que en español: intentar encontrar, hacer algo para hallar algo o a alguien; hacer gestiones o pensar para dar con cierta cosa, idea o persona. El nombre buscón en dominicano denomina la persona (pagada) que al principio procuraba pasajeros por cuenta de los choferes en los paraderos de guaguas de viajes interurbanos prometiéndoles que saldrían más temprano, que viajarían más cómodos, etc. De allí pasó a denominar a la persona que ayuda a conseguir documentos, a realizar trámites burocráticos en las dependencias gubernamentales. Como puede comprobarse por lo antes expuesto la tarea del buscón es buscar algo, tratar de encontrar. El buscón del idioma haitiano, bousn, boukonn, “es el dominicano que “busca” braceros haitianos para contratarlos e integrarlos a las labores agrícolas”. Como es de esperarse al principio se limitaba a conseguir cortadores de caña de azúcar. Solo en el español dominicano el buscón profesional realiza sus diligencias ante las autoridades gubernamentales a cambio de honorarios que a su vez ayudan a pagar las dádivas que aceleran el proceso burocrático.  

ERRÁTICO “Conducta errática. Hay veces quisiera ser piedra o árbol para carecer de memoria, para no sufrir mirando tanta conducta ERRÁTICA.” Muchos de los lectores estarán preguntándose qué hay de malo en el uso de “errática” porque la palabra es harto vieja en la lengua corriente. De inmediato hay que aceptar que el vocablo es antiguo en el español común. Aquí el interés se centra en el hecho de que se ha hecho un empleo impropio de la palabra porque se le atribuye a esta una significación que no posee. Se evidenciará más abajo que con el significado en español de la voz del título en el pasaje esta no sirve para imprimirle sentido a la oración. Antes de entregar las acepciones establecidas desde hace siglos se hace interesante recordar que este errático del título tiene relación con otros vocablos de la misma familia, como por ejemplo: errante, errabundo. Una vez despertada la curiosidad con los dos términos que constan en la última oración anterior a esta hay que traer los significados de errático que son tres. Primero “vagabundo, ambulante, sin domicilio conocido”. Esta acepción es la que tiene directa relación con las dos palabras que se destacaron antes. La segunda acepción pertenece al campo de la medicina: con la calificación de errático se conoce el dolor crónico que va de una parte a otra sin tener asiento fijo. De nuevo aquí está presente la conducta de algo que no sienta reales en un solo sitio. La tercera acepción que se sitúa también en el ámbito de la medicina, alude a la calentura que se produce sin período fijo. Esta vez de nuevo en la definición entra el concepto de algo que no es fijo. Los franceses conocen muy bien este tipo de dolor al que llaman erratique. Una vez terminada esta peregrinación por los predios del español común hay que llegar hasta el meollo del asunto para discernir si una conducta puede ser errática en el español corriente, que a eso se contrae el pasaje que se reprodujo en cabeza de esta sección. En el ejemplo de la cita lo que hizo el articulista es que tradujo directamente del inglés, más específicamente la voz erratic, que en buen español aquí sentaría mejor con versiones como “inconstante, voluble, variable, imprevisible, caprichosa”. En inglés se entiende por erratic lo que se caracteriza por la falta de constancia, regularidad o uniformidad. Como se comprende enseguida esta versión del significado del inglés permite que se utilice uno de entre los términos propuestos antes. En otros casos la voz del inglés podría llevarse al español con la ayuda de: irregular, desigual, aleatorio. Son muchos los ejemplos en los cuales dependiendo de las circunstancias la traducción se aleja de lo trillado por la similitud de las dos voces en las dos lenguas. Como se ha hecho antes se aconseja desconfiar de estos parecidos engañosos que conducen a traducciones que fomentan confusión. Para evitar los errores de este tipo hay que guiarse por el sentido de lo leído, es decir, más por el sentido que por el parecido de las palabras. 

 

UNDÉCIMO – DECIMOPRIMERO “Pero a la DÉCIMO PRIMERA vez lo aceptaron. José fue al espacio con la misión del Discovery en el 2009.” No hay secreto bien guardado en esta sección; aquí se va a tratar lo relativo a las dos palabras del título que se consideran adjetivos ordinales. El primero de los dos vocablos -undécimo- es el más antiguo en el uso del español. Era y quizá es todavía la forma preferida por el uso culto. Etimológicamente es la forma de expresar que lo que así se menciona es lo que sigue inmediatamente en orden al décimo. No debe olvidarse que el modo aceptado para expresar lo que sigue después de undécimo es duodécimo, aunque ya se acredita como válida la forma decimosegundo. El ordinal undécimo también puede funcionar como numeral fraccionario, en lugar de onceavo; lo que NO se acepta es que onceavo a su vez pueda funcionar como ordinal. En la actualidad se considera válida la forma decimoprimero por su analogía con decimotercero, decimocuarto y otros. Todos los tratadistas de estos asuntos de la lengua escriben los ordinales en una sola palabra, de modo tal que debe considerarse ese como el uso culto en el seno de la lengua. Es un ejemplo que debe seguirse y evitar escribir los numerales en dos palabras como apareció en la cita. 

 

ANDADERA – BURRO “Luego, vestido con una camiseta, pantaloncillos cortos y calzado deportivo pudo usar una ANDADERA ortopédica y hablar con frases breves”. En el español de todos los días, dependiendo del país, se utiliza la forma masculina o la femenina para referirse a la armazón metálica que sirve de soporte para ayudar a alguien a andar. En el caso de la oración reproducida al principio de esta sección le han colocado un modificador a la andadera para que se entienda bien el uso a que está destinada. En el español antes solo se usaba el masculino -andador- para el aparato o armazón sobre ruedas que servía para ayudar a andar o para “enseñar” a andar a los niños. El DRAE hasta hace poco definía esto como un “utensilio” para enseñar a andar a los niños. En la vigésima tercera edición de la recopilación oficial de la lengua la redacción correspondiente a andador, ra  se publicará con la acepción modificada: “Artefacto para enseñar a andar a los niños o para ayudar a desplazarse a los discapacitados”. Como se nota enseguida la nueva redacción abandonó la palabra utensilio y la reemplazó por artefacto, al tiempo que  amplió el empleo para incluir a los discapacitados. Los cubanos adaptaron un vocablo muy bien conocido de la lengua común -burro- para otorgárselo a la armazón que sirve de apoyo a personas con dificultades para caminar. Por una parte la versión cubana hace el armazón de madera, lo que limitó en exceso la descripción; aunque por otra parte ensanchó el uso al atribuírselo a “personas con dificultades para caminar”. Los artefactos modernos son fabricados con metal ligero y algunos son algo más que una simple armazón porque están provistos de asientos y ruedas, aditamentos que ayudan en el uso del aparato. En la oración de la cita a la andadera le añadieron el adjetivo “ortopédica” para acercarla a la medicina sin tener en cuenta que la ortopedia en sí misma es el arte de corregir o de evitar deformidades del cuerpo humano. Como se comprueba con la lectura de las definiciones de la andadera el propósito principal de esta es servir de apoyo a personas con dificultades para caminar. En la práctica las personas llaman “burrito” al andador que les permite desplazarse por sus pies este apelativo es quizá movidos por el cariño que le toman al aparato que los ayuda a deambular. 

 

ALGUNA OTRA “La mayoría de los comercios no reembolsa el dinero pero sí da un cupón por el valor del regalo rechazado con el cual se puede adquirir ALGUNA OTRA cosa.” En el texto copiado al principio de esta sección se ha resaltado la combinación “alguna otra” porque es un sometimiento servil que hace el redactor a un tipo de construcción que no se viste con todo el ropaje del español tradicional. El servilismo al que se alude en el párrafo anterior se refiere al que llega al español desde las costas del inglés. En esa lengua es muy común que no se conformen con la palabra “otra” para expresar que queda algo más. Tan común como el tipo de combinación del título se oye a menudo en el español de los Estados Unidos, y se lee en las traducciones, que alguien inquiere si el interlocutor tiene alguna otra pregunta que desea hacer. Durante siglos en el español ha bastado hacer la pregunta que se utilizó como ejemplo solo con la ayuda del término “otro”, para que termine de esta manera: “¿Tiene otra pregunta? La inclusión de la palabra “alguna” obedece a que en la lengua inglesa encuentran la voz any other y esos desaprensivos no logran desprenderse del fardo anglicista y malogran el español colocando ese “alguna” que “no tiene vela en ese entierro”. No la tiene porque no hace falta; la comunicación es perfecta sin recurrir a esa palabra intrusa. El fenómeno que se observa entre las personas que son bilingües en español e inglés se reproduce entre los bilingües del español francés cuando en algunos casos semejantes colocan el artículo indefinido “uno-una” antes de ese “otro-otra” y terminan diciendo “*una otra vez” en lugar del sencillo y auténtico “otra vez”. Hay que despojarse de las malas influencias cuando se redacta en español. Sobre todo si quien redacta es un profesional de la escritura o redacción que tiene el deber de ilustrar con su prosa. Esa obligación no admite excepciones. 

 

OFICIAL EJECUTIVO No es asunto nuevo que los títulos causen problemas a los traductores. Son muchos los ajustes que hay que hacer para lograr una buena traducción para los nombres que despliegan algunos funcionarios de empresas privadas. La combinación del título no debe aceptarse y llamar a alguien por el rimbombante título de “Principal oficial ejecutivo” de un establecimiento de salud. Lo de que sea ejecutivo ya no hay quien se oponga a ello porque hasta secretarias las hay que son ejecutivas. El escollo principal con el título que se copió en el párrafo inmediatamente anterior a este es que figura allí la palabra “oficial” que no tiene explicación. Hace ya largo rato que este “oficial” está causando dolores de cabeza entre los hablantes de español. Los empleados de empresas privadas que ocupan puestos prominentes en la administración de esas empresas o corporaciones reciben comúnmente el nombre y título de director. Hay que recordar que cuando la persona trabaja para una institución del Estado generalmente recibe el nombre de funcionario. No hay que ir muy lejos para percatarse de que en algunos casos basta con nombrar al empleado importante con el nombre de administrador o gerente general. La madeja se enreda al querer traducir todos los elementos que forman parte del título del inglés. En la lengua española la palabra oficial acepta varias acepciones que van desde el carnicero que corta y pesa la carne, hasta el empleado que bajo las órdenes de un jefe estudia y prepara el despacho de los negocios de una oficina; pasando por el operario que en un oficio manual ha terminado el aprendizaje y no es maestro todavía. Con este recuento se pone en claro que el oficial en español no es un empleado de alto rango. Puede aceptarse aquí que el ejecutivo en este caso es la persona que desempeña un cargo de alta dirección en esa organización. En español corriente el vocablo principal lleva en sí, cuando se refiere a una persona, la consideración del primer lugar de estimación o importancia y se antepone a otras. Esto se trae a colación para concluir que basta y sobra decir y escribir que el señor es: Principal ejecutivo o Director ejecutivo y ya es bastante. Así se designa a la persona que ocupa la función de  autoridad  y traza la política para el buen desenvolvimiento de los negocios de la organización. 

Dr. Roberto Guzmán

RETRO         

“La caja tiene una onda RETRO con el cacique indio y su peinado distinto en su logo rojo, amarillo y azul.”

La voz retro por sí sola para los ecuatorianos es “marcha atrás” en un automóvil. De eso se entera uno al recurrir al DRAE para despejar dudas. Más importante que lo anterior es que retro es un elemento compositivo. En estas funciones significa “hacia atrás”. 

Un elemento es una parte de un todo lingüístico que puede separarse o concebirse como separada de él mediante análisis. Esto es, toda noción que por definición o enumeración entra en la constitución de un todo.

En las palabras retroactivo y retroceder, que son los ejemplos que provee el DRAE para ilustrar la función de retro como elemento compositivo, se pueden descomponer esos dos vocablos y encontrar los dos elementos que forman cada uno de estos vocablos.

El elemento compositivo retro es un componente no independiente que interviene en la formación de palabras que como se nota en los ejemplos de la RAE se antepone al otro elemento. Como parte de una palabra lo que hace es que ayuda a formarla.

Una vez terminadas las explicaciones anteriores puede volverse la mirada al vocablo del título utilizado de modo independiente. Como lo que significa es “hacia atrás” se hace de difícil comprensión aunque se le considere en un ámbito delimitado como sucede en la oración citada.

Si se escarba en el diccionario de la lengua inglesa se puede encontrar la explicación al uso que se hace de retro- aquí. En esa lengua retro es elemento compositivo con el mismo valor que en español.

Lo más importante en esa lengua es que desde el año 1974 retro se ha tomado del francés rétrospectif para aludir a “relacionado con, que revive, o que forma parte del estilo”, y especialmente “de las modas del pasado”; con una característica de elegancia nostálgica.

Una vez que se lee lo concerniente al inglés se despejan las incógnitas con respecto al intento que hizo el redactor para expresarse en español. La caja a la que se refiere el periodista tiene un diseño basado en la elegancia del pasado.

Ya se comprobó que no había necesidad de buscar en playas extranjeras los términos para expresar que algo está creado teniendo en cuenta la elegancia nostálgica, siguiendo patrones del pasado.

 

ONDA

“La caja tiene una ONDA retro con el cacique indio y su peinado distinto en su logo rojo, amarillo y azul.”

No hay onda que valga en el DRAE para conferirle sentido a la oración reproducida más arriba. Naturalmente el diccionario de la digna corporación de Madrid trae lo que es español de la península y además el de América que ya trascendió el océano y que por su carácter general se impone a las autoridades.

Para conseguir interpretar el sentido de la oración estudiada aquí hay que recurrir al Diccionario de americanismos (DAA) de la Asociación de Academias. En ese diccionario hay muchas ondas, tantas que podrían marear a cualquiera que no tenga la cabeza bien puesta.

La primera onda inventariada en ese diccionario es la que le otorga significación a lo copiado. Esa acepción se conoce en seis países de nuestra América y la utilizan en su mayoría los jóvenes: “manera, gusto, estilo de una persona”. Se la escucha en los medios populares y cultos como expresión espontánea.

Si uno se detiene y elimina la parte “de una persona” de las acepciones copiadas, se puede exclamar que ya se enteró de lo que quiso dar a entender el redactor de la oración. Se aprovecha la ocasión que presenta esta sección para traer algunos usos del vocablo del epígrafe en el República Dominicana. Algunos de ellos se recuerdan, otros son reveladores.

Los dominicanos participan en el inventario de utilizaciones de “onda” tres de las locuciones. “Buena onda” que referido a persona es simpática, agradable, generosa. “Mala onda” que como es de esperarse corresponde a la persona malvada, cruel, insensible. La última es la segunda (mala onda) referida a un hecho o situación, “que se juzga desfavorable”.

No hay que sorprenderse de que en las redacciones de documentos que se destinan al gran público se cuelen algunos usos que son propios de algunos países. Esa es la marca indeleble que lleva la persona como consecuencia de su educación. La selección de términos y la composición del mensaje forman parte de los rasgos distintivos de la personalidad del individuo. No hay mal en expresarse de un modo que comunique un estilo personal. El problema estriba en hacerlo de modo que no lo entienda el público en general.

 

CESE – CESACIÓN

“. . .hecho que recién lanzó a las calles a más de mil personas exigiendo el CESE de esta violencia…”

Lo que acontece en esta oración copiada más arriba es una historia vieja que se repite. Es la confusión entre dos palabras similares que no comparten todas sus funciones. Sobre todo no comparten en su totalidad el campo semántico. Como se resaltará más abajo una es más amplia en su campo semántico y la otra tiene un sentido más restringido.

El vocablo que aparece en el texto citado es cese. De acuerdo con lo aceptado por la costumbre de la lengua consignada en los diccionarios autorizados y los de uso, cese es algo que tiene relación directa con “empleo o cargo”.

Es la acción de cesar en el empleo o cargo o es la nota o documento en el que se consigna el cese de esa función. Existe además una locución verbal: “dar el cese” para significar destituir de su empleo o cargo a una persona. 

Como puede comprobarse de la lectura de lo antes expuesto no hay nada en el concepto del cese que tenga que ver con la acción de suspender o acabar una actividad o acción.

La cesación es la acción y efecto de cesar que es suspender o dejar de hacer lo que se está haciendo. Es un concepto de tipo general que engloba el que se explicó antes, es decir, el cese que es exclusivo -el último- para las funciones, empleos o puestos.

Hay que tener en cuenta que el verbo cesar tampoco es transitivo, uso que según parece es más frecuente en Hispanoamérica. En los casos en que el redactor tenga necesidad de expresar una acción que requiera de un verbo transitivo para expresar a lo que se refiere el cese debe utilizar otros verbos, como por ejemplo, “destituir, deponer”. Si la idea que se quiere transmitir es más suave puede recurrirse al verbo “relevar”.

Otra vez hay que señalar la importancia de emplear las palabras que mejor describen la acción a que se refiere lo escrito y la responsabilidad que tienen las personas que escriben para ilustrar a los lectores de acontecimientos. No basta con describir los hechos para que se entiendan, sino que existe la obligación de hacerlo del modo más preciso y exacto posible.


ARQUITECTURA

“De lo que se trata, dice el comunicado oficial, es de construir una nueva ARQUITECTURA financiera propia que le permita a la región blindarse de la crisis económica que sacude a Estados Unidos y Europa.”

Hace ya largos años que se está utilizando la palabra del título para referirse a algo más que al arte de proyectar y construir edificios. Se le ha dado al concepto de arquitectura lo que en estos comentarios se llama “estirón” para que alcance a designar algo más que el campo restringido de su alcance normal.

A pesar de los años transcurridos durante los cuales se ha utilizado la palabra del epígrafe con propósitos ajenos a los que les son propios, los diccionarios de uso no han modificado la noción que tienen de la arquitectura. Todo el contenido de la palabra se centra alrededor de los edificios. No obstante eso recientemente se añadió una acepción relacionada con la informática.

El Diccionario de neologismos de la lengua española de la editorial Larousse, 1998, asienta para la palabra en estudio lo siguiente: “Sistema de organización de alguna cosa o actividad”. Ya en ese año ese diccionario traía una acepción detallada de lo que entendía para la arquitectura de computadoras, que una vez resumida fue incorporada por las autoridades al diccionario de la lengua común.

Como es fácil deducir de la lectura del sentido de la acepción del diccionario de neologismos, en el pasaje citado el vocablo en cuestión se toma como equivalente de sistema de organización. En su expresión mínima es igual que “ordenamiento, organización, disposición, arreglo, sistematización, combinación, estructura”.

Cualquiera de las palabras recién censadas puede llenar el cometido que se le ha asignado a la “arquitectura” del texto. Claro, los vocablos que se han enumerado más arriba quizás resultan muy pedestres para los redactores de algunos documentos que precisan de términos sonoros, rimbombantes, que atraigan la atención del lector o que simulen un tipo de lengua especializada. Algunos de los rasgos más plausibles y que merecen reconocimiento en la redacción moderna son la sencillez y precisión. Con estas cualidades los escritores alcanzan a ser comprendidos por todo el universo de hablantes de la lengua corriente.

 

GENTE

“Sin embargo, me parece que los vínculos del gobierno de Venezuela con Irán y con Cuba no han beneficiado los intereses de Venezuela ni de su GENTE”, aseguró Obama. . .”

Como saben todos los cristianos bien informados, Obama no habla español; por lo tanto se encuentra el lector ante una traducción en la cual se usa el vocablo “gente” de modo que escuece la epidermis del español.

Con tristeza hay que admitir que los traductores son responsable de introducir en la lengua española muchas de las palabras que no deben figurar en los sitios que se les asignan. Esta del título es una de ellas.

Cada vez que un dichoso traductor -casi siempre improvisado- encuentra en inglés la voz people lo primero que le viene a la mente y lo que hace para desembarazarse de su trabajo es espetar el vocablo gente y se da por satisfecho.

No para mientes este desaprensivo que en cada caso existe una palabra que se ajusta mejor al entorno. En el caso de la cita es casi seguro que una mejor selección sería escribir “pueblo”.

No en este caso, pero sí en otros debe evitarse el uso de gente y dar preferencia a “personas” para traducir el people del inglés. Otra selección plausible en algunos casos es traducirlo con el uso de “ciudadanos”. Existen casos en los cuales lo propio es echar mano de “habitantes”.

No vale la pena extenderse en este tema porque es obvio que la práctica viciosa de repetir siempre la misma palabra del español es una impertinencia.

Dr. Roberto Guzmán

BIEN CALZADO

“Un tipo de problemas con los pies son causados por zapatos que no están BIEN CALZADOS.”

En un principio cuando comenzó a usarse “bien” para significar “muy” pareció raro a los hispanohablantes. Los puristas reaccionaron con cautela ante este uso. En realidad ya se acepta sin chistar porque los buenos escritores lo han favorecido con beneplácito.

La redacción en el DRAE ha cambiado mucho en cuanto a las acepciones que acepta y reconoce, así como en cuanto a las explicaciones que ofrece. Antepuesto a un adjetivo como en el caso de la oración transcrita corresponde a “muy” y es ponderativo. En el caso presente debe admitirse “bien” como ponderativo con el sentido de “elogiar, alabar”.

Las consideraciones que se hacen con respecto a este ejemplo tienen su origen en el hecho de que “bien” antes de un adjetivo pondera o sopesa varias cualidades del calzado. Se puede tomar una de ellas como que el calzado protege bien el pie. O bien, que el calzado es de calidad superior. Además puede pensarse que se elogia la belleza del zapato.

En ninguna de las hipótesis “bien” corresponde o determina que el calzado sea cómodo, que sea conveniente para la persona que lo lleva. Muy a pesar de eso, es precisamente a lo que se refiere la oración de la cita, es decir, que no se acomodan en su talla y diseño al pié del diabético.

No debe olvidarse que calzar solo transmite la idea de “cubrir el pie”, nada más. No significa que este sea adecuado a la función a que se destina. Por eso hay que tener en cuenta que existen diferentes tipos de zapatos para cada una de las actividades en que se utilizan.

Hay que tener en cuenta que “bien” no implica comodidad, por lo menos de acuerdo con el concepto que mantiene el redactor de estos comentarios ateniéndose a lo que calzar significa.

 

METRO

“Tanto los METROS de glucosa en sangre como las plumas de insulina son productos cada vez más discretos y amigables para el consumidor.”

Como puede notarse enseguida, la palabra metro se la usa como sinónima de “instrumento destinado a medir”. No se considera propio este uso porque carece de fundamento y asidero en el seno del español común. La afirmación que precede se sustentará por medio de una enumeración de las funciones del vocablo metro. Además se expondrá la procedencia del error.

El metro es en español el utensilio de la medida determinada con sus divisores internos. Es una importante unidad de longitud y sirve para medir. Es una cantidad de materia que tiene la longitud a que se refiere la unidad. En versificación y métrica es una unidad de medida del verso. En tanto que elemento compositivo en posiciones de sufijo significa medida.

Ha llegado la palabra metro a usarse como apócope de metropolitano para denominar el tren subterráneo que recorre sin interrupciones las distancias en ciudades densamente pobladas.

Hay que recordar que se escribió más arriba que metro en funciones de elemento compositivo es un sufijo que significa aparato para medir. Por sí solo no significa medidor. Ejemplos de estos empleos son termómetro y pluviómetro.

En inglés -fuente del error- es la lengua en la cual meter corresponde a “un instrumento para medir y a veces para marcar el tiempo o la cantidad de algo. De aquí que en el español de los Estados Unidos a los parquímetros se les llame “metros” (meters). A los dispositivos que marcan el consumo de electricidad también se les llama “metros”; eso que los dominicanos conocen con el nombre de “contadores”.

Existe en la actualidad en inglés una tendencia a utilizar la voz del inglés meter como norma o regla para algunas cosas, hasta para cualidades, de allí es de donde sale el uso del metroman de reciente invención.

 

AMIGABLE

“Tanto los metros de glucosa en sangre como las plumas de insulina son productos cada vez más discretos y AMIGABLES para el consumidor.” 

No hay error en el uso de la misma cita utilizada en la sección anterior. En esta sección se centrará el estudio en el adjetivo amigable. La razón para emprender este examen no es solo porque se lo detectó en la oración reproducida más arriba, sino porque es de amplio uso en el español de los Estados Unidos de América del Norte del modo en que lo hace la traductora. En el español estadounidense se hace como una traducción servil del inglés friendly que aparece con frecuencia hasta en los anuncios publicitarios.

En español existe un adjetivo que se usa para aplicárselo a cosas o conductas, se trata de “amistoso” que se usa para objetos también. La RAE define este adjetivo como perteneciente o relativo a la amistad. Los ejemplos que suministra inclinan al lector a pensar que esa cosa o proceder son un reflejo del sentimiento de la amistad: “Trato amistoso. Correspondencia amistosa”.

La amistad es la relación personal desinteresada, ordinariamente recíproca que nace y se fortalece con el trato. Cuando se dice o escribe que hay amistad entre una persona y una cosa se indica así que allí existe afinidad y conexión.

Ahora bien, una vez establecidas algunas definiciones y conceptos se llega al momento de hacerse la pregunta de si los productos e instrumentos son amigables para el consumidor. La respuesta no se hace esperar: no.

Existe la tendencia moderna a decir y hasta a escribir que algunos objetos son amigables porque en inglés lo califican con la voz que corresponde a la del español. Si bien es cierto que hay correspondencias entre los dos términos el contenido de ambos no es el mismo.

Hay dos significados que contiene el friendly del inglés que no conoce el amigable del español. El primero es “fácil de entender y usar” y ese es el que con mayor frecuencia se encuentra en los anuncios de publicidad alabando algunos productos. Esta penetración ha llegado al punto en que el Diccionario Clave ya asienta para amigable: “Referido a un programa informático, que no resulta demasiado complicado para un usuario no especializado”.

La segunda acepción es: “que ayuda o  sirve un para un propósito beneficioso”. Inmediatamente después de la lectura de esta traducción personal y libre de la idea que el diccionario Merriam-Webstes del inglés registra, se da uno cuenta de que esta es la noción que se desprende de la lectura de la traducción.

Una vez que se ha repasado lo concerniente al adjetivo en español e inglés, con algunas reflexiones acerca del concepto amistad en sí mismo, hay que convenir en que la selección de la palabra amigable no es la más indicada en este contexto. Debió ser: “. . .cada vez más discretos y beneficiosos para el consumidor.”

Como puede comprobarse por medio de la lectura de lo presentado en esta sección es mucho lo que se le traspasa al lector que no es auténticamente español. Este servilismo manifestado en la cita contribuye a corromper el español verdadero. No obstante lo escrito en este párrafo no hay temor de que el español sufra daños permanentes.

 

PROGRAMACIÓN – PROGRAMAR

“De ahí que los investigadores están considerando la PROGRAMACIÓN de tejido, un medio para persuadir a otras células a actuar como el páncreas y producir insulina. . .”

La intención es buena pero no basta. Aquí se ha colocado el sustantivo femenino programación de manera tal que obliga al lector a cuestionarlo y esto no puede hacerse sin tocar de paso el verbo; por eso se lo incluyó también en el título.

La primera acepción de programación en el repertorio oficial de la lengua es la que corresponde al conjunto de programas de radio o televisión. Eso naturalmente después de la consabida que se refiere a la “acción y efecto de programar”.

Una vez revisada la acepción para el sustantivo se puede asegurar que no hay nada entre las acepciones para el verbo programar que sea de interés en el contexto de la cita.

El primer programar tiene relación con los programas de actos o espectáculos. La segunda acepción es pertinente para las acciones encaminadas a ordenar acciones necesarias para un proyecto. La tercera acepción concierne al concepto moderno de preparar máquinas para que comiencen a funcionar en el momento y la forma deseados. En materia de informática es elaborar programas para su empleo en computadores.

De pasada hay que llamar la atención sobre el hecho de que el verbo “persuadir” solo puede aplicarse a personas. Al igual que inducir -persuadir - en sus conceptualizaciones de los diccionarios lleva el vocablo “alguien” que como es natural denota persona.

La oración que sirve de modelo para someter a examen es una traducción, por lo que hay que lamentar que no se haya podido leer el original en inglés. Si esto se hubiese hecho se hubiera podido proponer un término conveniente. Lo que se ofrecerá será una solución de tipo general.

Con respecto al verbo “persuadir” se propone “arrastrar” en el sentido de aplicar fuerza a algo para producir una función. “Llevar” es otro verbo que puede llenar la función en este caso porque es guiar, conducir, dirigir y, de eso se trata, de llevar las células a actuar como el páncreas y producir insulina. De ese modo esas células mueven su función en esa dirección deseada.

Traducir documentos científicos es una tarea difícil; requiere de sólidos conocimientos de la lengua y de vasta información acerca del campo acerca del cual se traduce. Los señalamientos que se hacen en esta sección no pasan de ser eso: señalamientos. La clave para mejorar en este tipo de tarea es poner sumo cuidado en lo que se hace.

 

RENTABLE

“El tratamiento puede prevenir o retrasar el desarrollo de la diabetes y los cambios de estilo de vida son más RENTABLES que la medicación.”

Encontrar un vocablo como el del título en esta compañía lo menos que produce es sorpresa. Ante semejante osadía no hay imaginación que pueda encontrarle explicación a la intromisión de este término en un pasaje de este tipo.

Luego de superar la primera reacción se precisa sobreponerse a la indignación y tratar de encontrar una explicación plausible para una redacción de este género. Rentable según el diccionario mayor es lo que produce renta suficiente o remuneradora.

Desde que se encuentra la palabra renta en la definición no puede soslayarse el examen de esta. Renta es la utilidad o beneficio que rinde algo anualmente, o lo que de ello se cobra. Es lo que paga en dinero o en frutos un arrendatario. Es ingreso, caudal, aumento en la riqueza de una persona.

Tan pronto se leen las acepciones generales que recogen las autoridades para la renta hay que convenir en que en todas ellas va implícita el rendimiento en dinero, el ingreso, la riqueza, o la periodicidad de la utilidad o beneficio anualmente.

Sería una exageración decir que hay que rasgarse las vestiduras ante un uso como el de la cita. No hay lugar a ello si se piensa que hay diccionarios que para rentable escriben acepciones muy generales que pueden mover a engaño a los incautos. El Diccionario Clave trae: “Que produce un beneficio suficiente o que merece la pena”. Quizá esa obra refleja una tendencia moderna peninsular.  Lo que resulta inaceptable en la redacción de la acepción es la parte final “…o que merece la pena”.

En el texto lo que debió aparecer es esto: “. . .y los cambios de estilo de vida son más beneficiosos que la medicación”. La renta es un beneficio, pero uno específico que se materializa en dinero o en frutos. Este y otros rasgos distintivos se mostraron más arriba. 

Dr. Roberto Guzmán

CONCESIONARIO

“El arribo de la máquina marcó el hito más importante del proyecto desde que el Departamento de Transporte de la Florida y el CONCESIONARIO privado que construirá el túnel llegaron a un acuerdo definitivo a finales del 2009.”

Los dominicanos -con raras excepciones- saben lo que es un concesionario. Por antonomasia apuntan hacia el distribuidor de vehículos automotores que tiene el permiso o licencia para vender determinadas marcas de vehículos, así hacen tangible la figura jurídica que este contrato representa.

Es fácil adivinar que en esta sección se trata de estudiar lo que es un concesionario. Como sucede muchas veces en el examen de estos significados no se puede dirigir la mirada hacia el tema de manera directa sin pasar antes por el verbo y otras palabras relacionadas. Eso se hará en esta sección.

El verbo en sí mismo conduce a la idea de dar, otorgar merced y gracia. Es en materia de argumentos convenir en algún extremo con los argumentos que se oponen. Por último es atribuir –reconocer, diría yo- cualidad o condición a algo a alguien.

En ningún diccionario de sinónimos se ha conseguido encontrar que concesión sea sinónimo de contrato. Cuando se trata de una obra, especialmente de gran importancia o gran presupuesto la obra se otorga mediante concurso abierto al público y se materializa mediante un contrato. El contrato es el documento en el cual se estipulan las condiciones.

Durante largo tiempo en República Dominicana a los contratos de obras públicas que el gobierno otorgaba se les conocía como “contratas”. El femenino en este caso establecía la diferencia entre el convenido entre el gobierno y un particular del que los individuos celebraban entre ellos.

El sustantivo concesión se refiere a dos asuntos principales que guardan relación con lo sustentado aquí. El primero es entre particulares cuando una parte otorga a otra el permiso de vender y administrar  sus productos en una localidad determinada. El segundo es cuando interviene lo que la Academia llama Administración -gobierno, entidad pública podría llamarse- y cede a una persona o empresa -persona jurídica privada, diríase mejor- y cede el uso privativo de una pertenencia del dominio público o servicio.

Si se compara ahora lo que es la concesión según lo estipulan el uso y los tratados de la lengua, hay que convenir en que esa figura jurídica está muy lejos de ser lo que ampara a la parte que ejecuta la obra que se menciona en el texto citado.

Por fortuna todos los hablantes y escribientes incurren en errores al redactar. Nadie se salva de este pecado. Como consecuencia de lo anterior hasta los académicos recurren a los correctores de estilo para que le “pasen el lápiz rojo” a lo que redactan para publicación. No obstante lo citado aquí eso no exonera de culpa a quienes no ponen todo su empeño por emplear el mejor español y utilizar los términos más precisos en sus composiciones.

 

MANEJO

Bombas de insulina, plumas de insulina y monitores de azúcar en sangre son algunos de los dispositivos más recientes que facilitan el MANEJO de la enfermedad a los millones de personas.”

En ocasiones anteriores se ha reflexionado acerca del verbo manejar con los “estirones” que el uso diario le da. En esta sección se contrae al sustantivo correspondiente al verbo ya estudiado. La dilatación de los campos semánticos de “manejo” van más allá de lo que puede tolerarse. Aquí se analizará lo que entiende el español aceptado por todos y reconocido por las autoridades como las acepciones pertinentes a manejo. Al final se propondrán algunas soluciones para no tener que exagerar con relación al uso exorbitante del vocablo.

Para comenzar piénsese solo por un instante si las enfermedades “se manejan”. Hay que convenir de inmediato en que eso no es correcto. El manejo es la utilización de algo, especialmente si se hace con las manos. Cuando se trata de un asunto, no una enfermedad, es la dirección de este. El uso cotidiano ha generalizado la voz asunto para “treta, intriga o enredo”, lo que la RAE llama maquinación. En algunos países manejo es sinónimo de conducción o dirección para los vehículos automotores, aunque la Academia lo mantenga para la dirección y gobierno de los caballos y negocios.

Una vez que se revisan las acepciones de los diccionarios y del español común echa de verse que en nada aparece cosa parecida a lo que se hace con una enfermedad que “se sobrelleva”. Con las enfermedades “se lidia” cuando son crónicas. En otros casos “se enfrentan”. Esto para evitar tener que escribir que algunas de ellas en realidad se padecen.

En el mejor de los casos en un ejemplo como el de la cita se puede decir y escribir que la enfermedad “se controla”. Se favorece este verbo porque se trata de una enfermedad cuya cura se desconoce aún. Como no se puede curar todavía, lo que se hace con la ayuda de los instrumentos que se mencionan en el pasaje es que se controla el nivel del azúcar en la sangre.

Se hace necesario una vez más colocar el acento invisible sobre los hechos de la lengua. Nada más apetitoso para la lectura que una redacción clara, precisa y coherente. Estas cualidades se logran con el cultivo de la disciplina en la redacción con la selección de los términos más precisos y comunes.

 

MÁRMARA

Los sentimientos son contradictorios cuando una persona que estudia la lengua de su país encuentra que hay una voz que ha pasado inadvertida para los estudiosos de la lengua y, por ende, no consta en los diccionarios.

El vocablo del título se trae como testimonio de un uso que de este se hizo de modo repetido y de los recuerdos de utilización de parte de otros. El hecho de haber sido testigo del empleo de la voz se considera suficiente para introducirla en estos comentarios acerca de la lengua.

En la literatura acerca de la lengua vernácula dominicana solo aparece una referencia a una palabra que puede considerarse relacionada con la del título. Consta la voz parecida en la obra “De nuestro lenguaje y costumbres, de Consuelo Olivier, 1967. Maimará es la voz recogida por la autora de la obra y asienta que significa “gran cantidad”.

Se considera que la relación entre esta voz -mentada en el párrafo anterior- y la que se somete a estudio aquí viene por el parentesco de la escritura. No hay que sorprenderse acerca de esta aseveración porque la forma en cómo la recopiladora escribe la voz corresponde a la pronunciación propia de la región del Cibao en República Dominicana. En otra región se pronunciaría marmará.

Las dos voces difieren con respecto al contenido. Mármara es una treta, jugarreta. En la forma en que se la oyó utilizada se la hacía acompañar del verbo hacer: “Le hizo una mármara”. En frases exclamativas se la oyó de este modo: ¡Qué mármara le armaron! En este caso debe aceptarse con el valor de estratagema, trampa. “Me vino con una mármara”, es otra de las frases comunes que se recuerdan.

Por medio de esta sección se persigue sacar del olvido la voz del título. Ojalá otras personas puedan dar testimonio de la existencia y uso que se hizo o se hace del vocablo estudiado.

 

ISLETA

“. . .analiza a través de un microscopio, un ejemplo de células isletas utilizadas en trasplantes para pacientes con diabetes tipo 1.”

Si se revisa el diccionario oficial de le lengua común se topa uno con la triste realidad de que en ese diccionario solo aparece una isleta reconocida e inventariada. Se trata del grupo de árboles aislados en medio de la llanura.

Después del encuentro anterior si se recurre al “Diccionario Clave” puede constatarse que la isleta que este diccionario conoce es una que corresponde a las vías de tránsito. La define ese diccionario en español peninsular de acuerdo con el sitio que ocupa en las vías públicas y las funciones que desempeña.

El “Diccionario de americanismos” de las Academias (DAA) recoge como propio para Panamá la isleta en las avenidas y lo que ofrece es una descripción que trae hasta una frase en letra cursiva. El elemento común a las dos definiciones antes mencionadas son “que deslinda los dos sentidos de circulación de la avenida o calle ancha y que es elevada con relación a la avenida misma.

Cabe aquí que uno se pregunte adónde fue a parar la isleta que se sitúa en medio de las aguas, en el mar, en el océano o, en un río ancho. No sobra que se pregunte el dominicano qué sucedió son el diminutivo -eta que es una terminación conocida en el español corriente que se utiliza mayormente para sustantivos.

Entre los ejemplos de palabras de rancio abolengo están: aleta, avioneta, cajeta, caseta, cuchareta, historieta, lengüeta, libreta, paleta, papeleta, peineta, tarjeta y voltereta. Los dominicanos conocen varias islas pequeñas (isletas) que forman parte del territorio nacional. Hay otra en medio de un lago que debería ser denominada isleta, pero por prurito patriótico recibe el nombre de isla, así se le confiere mayor categoría.

Después de todo este recuento de la isleta hay que volver al punto de partida y señalar que en el texto citado no se trata de nada de este tipo de isla o isleta sobre los que se ha escrito aquí, sino de otra cosa.

Aquí se usa el vocablo como un neologismo científico para llenar un vacío de la lengua española. Es una traducción del inglés “islet” que en anatomía es un pequeño grupo de células que son estructuralmente diferentes de las demás células que las rodean.  Hay que detenerse aquí porque de lo contrario sería invadir el terreno de la Medicina.

 

BANDA

“. . .que podía adelgazar sin necesidad de cirugía de baipás gástrico o de BANDA en el estómago.”

En una ocasión anterior se centró el interés en el término del título. Esta vez recibirá un tratamiento diferente porque el uso que aquí se hace de la palabra difiere del correspondiente a aquella ocasión.

Aquí se trata de una banda nueva. Es una intervención quirúrgica nueva que coloca una “banda” en el estómago. Para los legos en asuntos médicos esto parece más bien un recurso combinado que ayuda a adelgazar. Se tilda de combinado porque no consiste en cortar partes, sino en atar el estómago con estas dichosas bandas de las cuales hay que ocuparse.

La banda académica no es tan elástica como para llegar hasta este uso. Pero el uso estira las palabras, a pesar de la oposición de la práctica culta. En el caso específico se utiliza banda en el texto citado y le faltó un modificador. En realidad es una “banda elástica” que es una cinta (¿?) elástica, de forma redonda, que se utiliza para sujetar diferentes cosas. En otras ocasiones llaman “tira” a esta forma del material elástico.

En el DAA hay dos omisiones con respecto a banda. Una es la de incluir la RD en la que se refiere a cada una de las dos partes en que se divide longitudinalmente a la res o a un cerdo, cuando se sacrifica. La omisión es que no consta la marca RD para destacar que es de uso en la República Dominicana.

La otra omisión es la banda del pelo que es una cinta que usan las mujeres en la cabeza que generalmente atraviesa la cabeza de lado a lado detrás de las orejas. En el DAA solo consta Puerto Rico con este uso. Se omiten las dos letras RD para denotar que es de uso en dominicano.

Todo el alboroto que se hace en esta sección se contrae a lo que los dominicanos llaman “gomita”. En el DAA no se asienta la RD como país en que se usa la voz recién mentada para tira o banda elástica, generalmente circular.

Como puede ya escribirse, el interés en esta sección era destacar las definiciones, los elementos que la componen y las omisiones que existen en el DAA.