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| Y para llegar a la batalla que cambió la historia el 19 de octubre de 1781 Lord Cornwallis no tuvo más remedio que rendirse a los americanos. |
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Aporte cubano a la independencia americana
Por José Ignacio Rasco
MIAMI, FLORIDA.- La fecha del 4 de julio invita a la meditación histórica. La cooperación francesa a la independencia tenía mucho de gesta y de gesto. La Francia de aquellos días no andaba económicamente del todo bien. Las guerras y las crisis económicas se sucedían constantemente, pero la “pérfida Albión” no era patria de simpatía para muchos. Dueña de mares más que de tierras jugaba un papel hegemónico que tantos detestaban. La toma de la Habana por los ingleses, en 1762, dejó amarguras y rencores en Cuba, no obstante algunos beneficios comerciales.
La independencia norteamericana era un proyecto sugerente de cambio y un anticipo de autonomía. La cooperación de un Lafayette no era suficiente y para algunos hasta peligrosa.
El Conde de Gálvez, gobernador de la Luisiana, con ventanas hacia París y Madrid, vio claro esta situación y se lanzó con toda caballería a tomar Panzacola, hoy Pensacola, y antes Mobil, en una gesta invasora de admirable invocación.
La crisis económica de los estadounidenses en proyecto nacional sacudía la conciencia, ahora norteamericana, de un grupo humano, que pendularmente se movía entre Londres y Nueva York, hasta que se consolidó como un nacionalismo americano creciente de donde nació Washington, el hombre y la capital.
En la América del Sur tampoco se había producido la filiación independentista. Hombres, como Gálvez, combinaron la libertad independiente con su hidalguía de hispana prosapia.
Gálvez es un personaje fuera de serie como casi todos los nombrados. Mereció el respeto de sus familiares, amigos y enemigos. Llegó a ser virrey de México. Victorioso por sus hazañas militares y su caballerosidad. Sus proezas militares y su visión de estadista lo convirtieron en héroe aplaudido por los que hablaban inglés, francés y español. Cierto dualismo se observa en el hombre y la mujer hispanoamericanos como la propia palabra encierra.
La historiadora Buchanan Parker Thompson ha escrito mucho sobre la injusticia de no reconocer el aporte hispano al 4 de julio.
Nombres españoles de toda la América tuvieron intervención exitosa en el proceso de americanización de las Trece Colonias. Pero para llegar a ese punto y aparte hay que contar con Juan de Miranda, Bernardo Gálvez, Francisco de Miranda, Francisco Miralles, Juan M. de Cajigal, Juan de Miralles y muchos otros.
Como anota Portel Vilá “la causa de la revolución norteamericana se había hecho popular en Cuba” casi todo personaje cubano o relacionado con Cuba, sentía aprecio por los Estados Unidos en gestación.
Todo personaje español o latinoamericano relacionado con la Isla tendía a simpatizar con las que hasta hace poco eran meras 13 colonias y pendientes de las estrategias militares en Nueva York del general Clinton y en Virginia bajo las órdenes del general Cornwallis.
Y para llegar a la batalla que cambió la historia el 19 de octubre de 1781 Lord Cornwallis no tuvo más remedio que rendirse a los americanos.
Pero para llegar a este final fue necesario resolver la crisis económica que padecía el ejército de Washington. De ahí la importancia que tomó la donación generosa de las señoras que reunieron 1.200,000 libras tornesas reunidas en brevísimo plazo, --acaso un par de días-- más los miles de hombres que salieron del puerto de la Habana para pelear por la independencia de las Trece Colonias con barcos y pertrechos de guerra, que venían también de otros lugares como México, Santo Domingo y Haití.
El historiador francés Stephen Bonsal llegó a decir que el aporte de las damas cubanas fue el cimiento de la independencia norteamericana y que el Almirante francés Grasse hubo de recoger en la Habana. Según Leví Marrero ese aporte económico de las señoras cubanas cubrió los gastos necesarios para llegar a Yorktown y en momentos bien críticos porque, al parecer, todas las otras fuentes posibles pasaban por una crisis ya insoluble.
En verdad las relaciones entre Cuba y Estados Unidos han tenido diversas facetas, unas positivas, otras negativas, pero siempre con altura y dignidad. Excepciones circunstanciales no cuentan y el odio hacia esta potencia que ha querido promover el actual régimen comunistoide no ha logrado imponerse. |